61| ¿Perder la esperanza? Jamás.
Helene no se había dado cuenta de que había gritado, de que su garganta ardía por el sonido de desesperación y dolor que salió desde el fondo de su pecho hasta que se quedó sin aire.
Las rodillas se habían doblado y estaba sobre el suelo caliente, trató de ponerse de pie, pero cayó de bruces al suelo presa de un dolor tan fuerte que la inmovilizó.
Unas manos la sujetaron por la cadera y la levantaron, Helene no vio quien era, no le importaba, solo miraba fijamente la columna de fuego amarillo