57| Para siempre.
Helene sintió como golpeó con el codo las charola donde la azafata llevaba las copas, las cuales se tambalearon, pero ella tropezó con sus propios tacones, como nunca había hecho ni en las pasarelas más resbalosas del mundo, ni cuando salió vestida de aguacate.
Con su cuerpo golpeó a la pobre mujer que abrió los ojos y en solo un minuto el ruido de copas al romperse en el suelo llenó el lugar, más gritos y golpes.
En su camino a la caída, la azafata se agarró de un porteador de maletas que de