Helene se durmió ya entrada la madrugada, cuando el cansancio la venció, y las pesadillas la asaltaron nuevamente.
Soñó con Val, que su voz resonaba por toda la pradera y a Itsac a lomos de Cuervo que corría hacia la voz a toda velocidad, hacia el mar.
Helene montaba a Paloma, pero la yegua era lenta, como si estuviera enredada en aguas pantanosas y el piloto se escapaba de su vista con el caballo azabache que relinchó una última vez mientras ella y Paloma se hundían hasta que el fango las cu