Me desperté a las seis con treinta minutos, cuando sonó la alarma de mi teléfono. Estaba muy cansada, porque solo había dormido unas cinco horas. Lo de Máximo me había estresado demasiado, pero debía levantarme igual y cumplir con mis obligaciones. Ya había estado ausente siete días y eso, por el momento, había sido suficiente. Me metí a la ducha inmediatamente, porque si seguía en la cama acostada, me iba a volver a dormir. Ese día tenía muchas cosas qué hacer y entre ellas, estaba hacerle una