Desperté de repente. Estaba soñando con Arthur. Hace tiempo no lo hacía. Estaba de blanco como siempre, en un prado extenso. Me miraba a lo lejos, pero no me llamaba. Simplemente caminaba en dirección a donde yo estaba, sentada en un columpio que colgaba bajo un árbol grande y cargado de verde. De un verde claro intenso. La brisa levantaba mis cabellos y los de Arthur. Su barba se veía hermosa, él se veía hermoso. Cuando estaba mucho más cerca de mí me gritó “te amo, Ivanna” y me sonrió, con es