Mundo ficciónIniciar sesiónValeria y su pequeña hija Alicia bajaron del avión que venía de Miami, al entrar en la terminal, vi a unos hombres que portaban cada uno un cartel con los nombres de las personas que esperaban. Nos acercamos al hombre que portaba el cartel con mi nombre,, vestido con un traje gris oscuro y una gafas negras que tenía en su cara, mirándonos los dos fijamente a los ojos.
—- ¿Señora Valeria Salvatierra? —- me pregunto al acercarme a él..
—- Si, esa soy yo ¿dónde está mi coche? — pregunté yo mientras miraba hacia la calle.
—- Sígame por favor señora, el chofer recoge sus maletas — me comento aquel hombre
Mi hija y yo fuimos con ese desconocido hacia la calle, viendo un todo terreno de color negro y las lunas tintadas. Subimos al auto mi hija Alicia y yo, arrancando el chofer cuando ya metió en el maletero nuestro equipaje. Mientras íbamos a nuestra nueva casa, me quedé mirando por la ventanilla la ciudad de Madrid, donde Alejandro y yo, pasamos tardes felices, paseos llenos de amor, donde nos reíamos y patinamos en los parques como si fuéramos dos niños.
—- Mamá, ¿en qué ciudad estamos? parece muy grande — me dijo mi hija, haciéndome sonreír.
—- Si lo es mi amor, mamá te enseñara la ciudad, pero ahora nos vamos a casa, estarás cansada del viaje tan largo que hemos hecho cariño — le dije.
—- No, no estoy nada cansada, solo que tengo sueño, ¿como es nuestra casa? no la he visto nunca — me comentó mi pequeña.
—- No falta mucho para llegar cariño, es muy parecida como la que teníamos en Nueva York, te gustara ya veras — le comente.
El chofer paró el auto delante de una gran puerta de hierro, le dio a un mando a distancia, abriéndose enseguida la puerta, seguimos adelante por un camino lleno de árboles viendo al fondo del camino una gran casa, El chofer paró por fin el auto cerca de la entrada de a casa, abriéndonos después la puerta, bajando mi hija primero y yo detrás de ella. Al entrar en aquella casa, se acercó a nosotras una mujer algo gordita que nos estaba sonriendo.
—- Bienvenida señora, soy su ama de llaves, me llamo Laura, espero que cuente conmigo para todo lo que necesite, estamos muy contentos de tenerla en casa , —- me dijo.
—- Gracias Laura, esta preciosa niña es mi hija Alicia, por favor podría enseñarle su dormitorio, yo tengo que hacer un par de llamadas antes de ir a descansar — le comente
Entre hasta el fondo de la casa, sentandome en el sofá, cogi mi agenda de mi bolso para llamar a mi asistente en la empresa que iba a dirigir desde aquella localidad.
—- Hola Valeria ¿ya os habeis instalado en la nueva casa? — me pregunto.
—- Gracias Sara por prepararlo todo y si ya Alicia ha subido a su dormitorio para descansar, ¿hay algo nuevo en la agenda que deba saber? — pregunte.
—- Si, una cosita, mañana tienes una reunión con dos CEOS que están deseando conocerte, uno es el CEO Javier Muñoz de aeronáuticas y el otro CEO es, Alejandro Mendoza, que es CEO de —- no la deje hablar
—-- Ya se que de que es CEO el señor Mendoza, gracias Sara, esta bien, avisame si sale alguna cosa más, ahora voy a descansar, el viaje ha sido demasiado pesado, hasta mañana Sara —- le dije antes de terminar la llamada.
Después de revisar mi agenda y anotar las reuniones que me dijo mi asistente, que tenía al día siguiente, me levanté del sofá, subí las escaleras para ir a mi dormitorio, pero antes quería saber cómo estaba mi hija y si le gustaba su dormitorio. Me quedé por un momento en la puerta mirándola mientras sonreía, viendo como Laura le ayudaba a colocar la ropa en su armario mientras las dos reían.
—- Alejandro, no sabes lo que te estas perdiendo y espero que nunca lo sepas —- me susurre a mi misma mientras miraba a mi hija, que era como si estuviera viendo a su padre, pues eran dos gotas de agua.







