2/ UNA BUENA AMIGA

Valeria cerró la puerta con cuidado. Por un momento se quedó parada frente a la puerta, sin moverse, como si todavía no entendiera lo que acababa de ocurrir.

Había visto a Alejandro follando con su asistente, Claudia, sobre el escritorio de su propia oficina. Aquella imagen se repetía una y otra vez en su cabeza. Abrió y cerró los ojos un par de veces, necesitaba estar segura de que  estaba despierta y aquello no era una pesadilla. 

Respiró hondo tratando de aquietar los latidos acelerados de su corazón. Vio el sobre que aún sostenía entre las manos. El mismo que contenía la ecografía del bebé que llevaba en su vientre y que el médico le había entregado hacía apenas unos minutos. Aquella noticia que hasta hacía poco le había parecido la más feliz de su vida, ahora se convertía en todo lo contrario. 

Intentó pensar en qué debía hacer en ese momento, avanzó por el pasillo mientras su cabeza se llenaba de preguntas, de recuerdos, de historias cuyo final era impreciso. 

Llevaba dos años junto a Alejandro construyendo una relación que para ella lo era todo. Habían hablado de la boda durante meses, habían elegido la fecha, el lugar, los detalles de la ceremonia. Habían imaginado juntos el futuro que querían compartir y ahora, todo se desmoronaba frente a ella. 

Caminó por el pasillo tratando de mantener la calma. Sentía las piernas y manos temblando. A su alrededor habían  algunos empleados trabajando en sus oficinas, otros caminaban con carpetas en las manos, ajenos a su triste realidad.

En algún momento se detuvo, pensó en que debía regresar, abrir la puerta de golpe, enfrentarlo, exigirle una explicación. Decirle todo lo que sentía en ese momento y luego desaparecer de su vida, pero no pudo.

No podía ir entrar allí, gritarle o exigirle explicaciones. Esa no era ella. Tenía dignidad como mujer y no iba a darle a la asistente y amante de su marido, la oportunidad de armar un espectáculo y que la viera humillada. Si Alejandro había sido capaz de hacer algo así, de traicionarla un mes antes de su boda, entonces no merecía que cayera tan bajo frente a sus ojos, que la viera sufrir. 

Levantó la cabeza y los hombros y siguió caminando hasta llegar a la recepción. La recepcionista la vio acercarse sonrió pero su sonrisa se desvaneció apenas notó la expresión de tristeza en la prometida de su jefe. 

—¿Está todo bien, señora Valeria? —preguntó con curiosidad. 

—Sí, —hizo el esfuerzo por responderle—. todo bien.

Ella continuó caminando hacia el ascensor. La recepcionista la observó en silencio mientras se alejaba. Había algo distinto en su actitud. No parecía la misma mujer que minutos atrás entró sonriendo y llena de entusiasmo. 

—¿Qué le habrá sucedido? —murmuró. 

Las puertas de la entrada principal se abrieron y Valeria salió del edificio  rápidamente. 

Caminó con paso firme hasta el estacionamiento y entró a su coche. Por unos segundos cerró los ojos y la escena volvió a aparecer en su mente de forma cruel. 

Alejandro, su prometido estaba engañándola con su asistente. ¿Pero desde cuando se entendían? ¿Desde cuándo le estaban viendo la cara de tonta?

Valeria abrió los ojos de golpe, dejó el sobre sobre el asiento del copiloto y se quedó allí sentada, mirando el volante sin saber qué hacer. Encendió el motor de su auto con dificultad, la manos le temblaban demasiado.

Respiró una vez más intentando recuperar el control de su cuerpo. No podía conducir en ese estado, pero tampoco podía quedarse en ese lugar ni un segundo más. 

Las lágrimas comenzaron a caer, aunque al principio trató de contenerlas, no pudo. Estuvo allí por unos cinco minutos, llorando en silencio, hasta que finalmente se calmó un poco, limpió su rostro y condujo lejos de allí. 

No sabía a dónde ir, pero no volvería a la casa de Alejandro, de eso no tenía dudas. 

Necesitaba hablar con alguien y sacarse del pecho todo aquello que la estaba destrozando por dentro. 

Mientras conducía por la ciudad, pensó en Paula, su única amiga. Ella era la única persona en quien podía confiar en ese momento. Su mejor amiga desde hacía años, la única que conocía todos los detalles de su relación con Alejandro.

Cuando finalmente llegó al edificio de Paula, estacionó el coche y subió las escaleras con rapidez. Al llegar frente a la puerta respiró hondo antes de tocar el timbre.

Unos segundos después la puerta se abrió. Paula apareció del otro lado con una expresión de sorpresa.

—¿Valeria? —dijo, mirándola con emoción—. ¿Qué haces aquí? ¿Qué pasó?

Valeria entró al apartamento de inmediato sin pronunciar ni una palabra. Caminó hasta la sala, Paula la siguió de cerca.  

—¿No piensas responderme, tía? 

Ella dejó su bolso sobre el sofá antes de volverse hacia su amiga. 

—Acabo de ver a Alejandro con otra mujer —dijo finalmente.

Paula se quedó inmóvil, boquiabierta. 

—¿Qué? —preguntó con asombro. 

—Lo que oyes, Pao. Estaba con sus asistente en su oficina.

Valeria sintió que la rabia la envolvía mientras hablaba. Apretó los puños con fuerza, indignada. Luego se sentó en el sofá de tres puestos. 

Paula negó lentamente con la cabeza, no podía creer lo que acababa de escuchar.

—Espera ¿estás segura de lo que viste? —preguntó incrédula

Valeria levantó la cabeza y con los ojos llenos de lágrimas le contestó. 

—Los vi, Paula. Estaban sobre su escritorio, estaban follando, joder. 

Paula se acercó y se sentó junto a ella.

—No puedo creer que Alejandro haya sido capaz de hacerte algo así. Él te ama. Tal vez deberías hablar con él primero y preguntarle. 

Valeria la miró sin creer lo que escuchaba de los labios de su amiga.

—¿Hablar con él?

Paula levantó ligeramente las manos.

—Solo digo que quizá no era lo que parecía.

Valeria negó con la cabeza, se levantó del sofá y caminó de un lado a otros. 

—Todo este tiempo pensé que éramos felices. —sollozó—. Ahora entiendo porque a veces llegaba tarde de la empresa, las reuniones que se alargaban hasta la noche, las llamadas que tenía que contestar fuera de la habitación.

Se detuvo y miró a su amiga.

—Me estaba engañando, Pao. Alejandro me mintió y se burló de mí todo este tiempo. Pero hasta aquí, hasta aquí llegó todo. No quiero volver a verlo ni saber de él. 

—Valeria ustedes llevan dos años juntos. Y están a punto de casarse —dijo y la observó con preocupación—. Por eso creo que deberías hablar con él antes de tomar una decisión. Deberías luchar por él y no dejarle el camino libre a esa zorra, tía. 

—No voy a luchar por alguien que no me respeta. —replicó con voz firme—. Si Alejandro fue capaz de hacer algo así, entonces no vale la pena.

Paula asintió.

—Está bien. —dijo, se levantó de su asiento y se acercó a ella—. Eres mi amiga y sabes que te apoyo en todo lo que decidas.

Valeria sintió un pequeño alivio al escuchar sus palabras.

—Gracias, Pao. 

—Puedes quedarte aquí el tiempo que necesites.

—Si Alejandro viene a buscarme, no quiero que le digas que estoy aquí. No quiero volver a ver su maldita cara. 

—Dices eso porque estás enojada, Vale. 

Sus ojos se endurecieron mientras la miraba.

—No Pao. Alejandro murió hoy para mí. —dijo sintiendo que su historia junto a él acababa para siempre

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