Unos días después, mi padre nos hizo hacer la maleta a Mario y a mí, pues teníamos que irnos de viaje a Las Vegas, para que unos grandes inversores nos firmaran unos contratos que ya estaban mandados y solo faltaba que los firmaran y llegar a un acuerdo con ellos. Yo de mala gana estaba en mi dormitorio preparando mi equipaje cuando una pequeña y preciosa personita entró, sentándose en mi cama.
—- Mami, ¿sabes una cosa? — me pregunto.
—- Si no me lo dices, mami no lo sabe —- le dije sentandome