Cuando Mario al fin salió del cuarto de baño, yo estaba casi vestida, pero él me cogió del brazo sentándose Mario en la cama, me acostó en sus rodillas, subió mi falda, dandome unos cuantos azotes en mis nalgas mientras yo movía las piernas y se las pellizcaba con mis dedos, pero él no me soltó hasta que se quedó satisfecho dándome aquellos azotes en mis nalgas. Una vez que me pude poner de pie, con mi mano bien abierta le di en su mejilla un fuerte bofetón, pero fue peor, él me tumbó en la cam