Capítulo 24. Huellas
Maritza palideció al ver el cuerpo de Efraín tirado en el frío piso y la poza de sangre que había a su alrededor.
—¡Hilario! ¡Hilario! —gritó desesperada al ver al hombre tan quieto como una estatua. Ella le tocó el rostro, estaba tan frío, como si estuviera muerto.
La mujer se dejó caer de bruces, asustada por la situación, se arrastró hasta alejarse de Efraín.
—¡¡¡Hilario!!! —gritó con todas sus fuerzas. El cuerpo le temblaba, mientras otros hombres acudieron ante el grito de horror de la muj