Capítulo 12. Puedes tener a la mujer que deseas a tu lado
Julián sintió el deseo correr por sus venas, había más que necesidad en su beso y en la manera que saqueaba la boca de Natalia, ni siquiera fue consciente del momento que la recostó en el largo sillón y se colocó sobre ella.
La abruma de la pasión no le dejó pensar, hasta que el gemido de Natalia le hizo darse cuenta de la realidad y de lo que estaba haciendo, sobre todo, porque el gemido de Natalia no fue de placer, sino de miedo. Su cuerpo se había tensado como si fuera la cuerda de un violín