El último recuerdo de su otra vida fue el sonido sordo de la escotilla cerrándose.
Kilian descendió a la cámara oculta del velero con los latidos acompasados por la cuenta regresiva en su mente. Todo estaba listo: el maletín sellado con documentos, una pequeña reserva de oxígeno, y un transmisor sin señal. Afuera, el viento comenzaba a moverse con ese ritmo plácido que solo el Lemán sabía ofrecer al amanecer.
El sistema automático se activaría en diez minutos. Con precisión clínica, el barc