Estaban desnudos sobre la alfombra del consultorio.
La luz tenue del atardecer entraba por las persianas medio cerradas, dibujando sombras suaves sobre la piel de Kilian, que aún respiraba con lentitud, el pecho subiendo y bajando bajo su mejilla.
Alina se quedó recostada ahí unos minutos, saboreando la victoria.
No tenía prisa. No esa vez.
Céline Valtieri, la impecable, la imbatible… no había visto venir esto.
Qué desperdicio.
Kilian no solo estaba bien dotado, sino que sabía como