Habían pasado apenas una semana desde la última gran tormenta emocional, pero para Céline el tiempo no corría con normalidad. Era como si todo se hubiera ralentizado, como si el mundo entero caminara sobre puntillas para no romper el frágil equilibrio que los sostenía. Ella y Matthias apenas habían salido de casa, no porque no quisieran, sino porque Elian y Yvania no lo permitían.
Cualquier intento de alejamiento provocaba ansiedad. Si iban al supermercado o a una cita médica, tenían que deja