Florencia había amanecido con una brisa templada y cielos despejados. La ciudad rebosaba vida en cada rincón: vitrinas artesanales, callejones empedrados, aromas de espresso y cuero fino. Céline caminaba con paso firme entre la Piazza della Signoria y la galería de los Uffizi, dejando que los adoquines vibraran bajo sus tacones y el murmullo de la ciudad le sirviera de música de fondo. Se sentía ligera, enfocada, como si el ritmo de Florencia la acompañara en su propio renacer. Cerraba mentalme