La jornada terminó más rápido de lo que Céline esperaba. Aún quedaban correos, documentos y llamadas pendientes, pero su mente volvía, una y otra vez, al almuerzo.
Cuando bajó al lobby, Matthias la esperaba afuera, apoyado con naturalidad en su vehículo. Al verla, abrió la puerta del copiloto y la recibió con una sonrisa tranquila. Ella no dijo nada; solo se inclinó y lo besó. Sin prisa, sin dudas. Un beso de quien está empezando a confiar.
Él le acarició la mejilla con el dorso de la mano, y