—Aurora.
Estaba tan encerrada en mis pensamientos que no vi cuando Dante se me acercó. Lo miré.
—Señor —«espera, me acaba de mirar mal… ¿qué le pasa hoy?»—.
—La estoy esperando desde hace rato.
—Ay, sí, lo siento —lo miré fijamente—, señor.
Y vi cómo su ojo izquierdo saltaba sin intención, apretando los labios.
«¿Tiene algún problema con esa palabra?»
—Perdón, estaba hablando con mi padre, y me quedé pensando en algo que dijo —«mentirosa, eres una mentirosa… aaa, pero cómo te molesta cuando t