Capítulo 26.4

—¿Y tú dejas que él te toque? —haciéndose el más molesto.

—A veces.

—¿A veces? ¿Es en serio, Aurora?

—¿Qué? —Me reí—. Descubrí que, si lo dejo tocar, me paga más y deja de ser ese ser tan molesto.—Me miro con un poco de odio.

—Todo lo contrario a mi asistente. Siempre se viste como monja y le molesta que me acerque.

—Quizá no eres tan lindo como crees.

Soltó la carcajada.

—Me alegra saber que no me veo lindo. Quiero que me vea irresistible, atractivo, imponente… como tú me ves —se acercó a mí—.
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