—Siempre creí que me casaría con ella.
Nos conocimos en el colegio.
Era hermosa… y también lo era su corazón, o eso pensaba.
Cuando describía a mi mujer perfecta, ella se acercaba mucho; era un imbécil completo. —Volvió a llenar su copa.
«Ufff… eso dolió. Aunque sé que ya no siente lo mismo».
—Pero mientras yo estaba pasando mi peor momento, ella se estaba acostando con mi maldito mejor amigo.
—¿Qué? —pregunté, sin poder ocultar la sorpresa.
—El hijo de puta con el que nos llamábamos herman