Soltó mi mano y se acercó peligrosamente.
Sus dedos se enredaron en mi nuca, tirando de mi cabello hacia atrás hasta obligarme a mirarlo, sin lastimarme.
—Dante… —susurré, pero lo único que gritaba en mi cabeza era: «bésame de una puta vez».
Su aliento rozó mi boca, tan cerca que temblé.
—Dime, Aurora. ¿Quieres seguir? —preguntó. Asentí, demasiado rápido.
—Voy a preguntar solo una vez, y quiero que lo pienses bien.
Porque lo que decidas ahora cambia todo para siempre. ¿Vas a ser mía?
—Sí —