CAPÍTULO 40: UNA BESTIA
Erik
La luz del día ilumina lo poco que queda de lo que antes fue la mansión de la manada Luna Creciente. Ahora solo hay ruinas, cuerpos desperdigados y el aroma metálico de la sangre fresca que impregna el aire a causa de mi furia desatada. Mis garras aún gotean sangre ajena, y mi ropa está teñida de rojo, pegándose a mi piel con cada movimiento. El silencio pesa más que los gritos que hace unos minutos llenaban el lugar.
He acabado con todos. Cada maldit0 lobo que se i