Cuando Scott pasó por la secretaria de Thomas, la mujer no se había atrevido a dirigirle la palabra y no había movido un músculo para apartarse de su mesa y avisar a su jefe. El hombre parecía cargar la furia de un dios y era mejor no atravesar su camino. Sus músculos estaban tan tensos que ni el traje de Brioni podía ocultar la fuerza de aquellos brazos.
Empujó la puerta del despacho de su hermano y lo vio apartarse con brusquedad de una chica que estaba tumbada sobre su mesa. Se notaba que er