Dorinda jadeaba intentando recuperar todo el aire que había perdido mientras se agarraba al tronco de un árbol en medio del bosque. Sentía la respiración caliente y acelerada de Daniel en su nuca.
–¿Estás bien amor? –preguntó Daniel cerrando su bragueta y girando a la chica para mirarla.
–¡¿Qué si estoy bien?! Me traes a los confines del bosque, me coges como si fueras un león en celo, ¿y me preguntas si estoy bien? –Contestó subiendo los tirantes de su vestido y buscó lo que había quedado de