Un año después
–¡¡¡Eres un maldit0 mentiroso Hoffman!!!–Alice gritó casi acertando en la cabeza de Scott con el plato que había agarrado de la mesa más cercana. –¡¡¡Me habías asegurado que iríamos a Santorini, y que solo haríamos una parada romántica en Paris por unas horas para dar un paseo!!!–Lo acusó tirando copas contra las paredes.
Scott se agachaba para no perder una parte de su cuerpo en medio de aquella batalla campal, donde su esposa era la que estaba ganando. Había vuelto a reservar