A veces tanta tranquilidad aburre, y últimamente Griffin parecía un cementerio. Para Karl debía ser lo mejor del mundo y confirmaba que estaba ejerciendo un buen trabajo, pero tanta calma no era buen presagio. Sus pensamientos se confirmaron cuando Alice Johnson tocó la puerta de su despacho.
–¿Ali, que te trae por aquí? – Preguntó el sheriff con preocupación, porque por primera vez Alice no dejaba por donde pasaba ese brillo natural que desprendía. Se la veía triste, cabizbaja, con ojeras, no