88 Tú ... no estás sola
EMMA
El calor de la taza de té que Beatriz me ofreció minutos atrás se siente reconfortante en mis manos, pero no lo suficiente para calmar el torbellino de emociones que recorre mi cuerpo.
Estoy sentada en un lindo sofá que lleva por completo el sello de Melissa, en la sala de la cabaña de mi mejor amiga. Las paredes de madera nos dan un clima acogedor y el calor que desprende la chimenea hace que el dolor de mi cuerpo malherido se apacigue un poco.
Todo aquí parece un eco del pasado, una me