DAMIAN
La luz grisácea del amanecer se cuela por las enormes ventanas del penthouse, pero a mí no me dice nada. Estoy aquí, sentado en la penumbra, con una copa de whisky que no he probado en horas.
Todo parece una m*****a broma de mal gusto, como si el universo quisiera darme un último golpe antes de hundirme por completo.
Emma está muerta.
La botella de whisky está medio vacía sobre la mesa, y mi cabeza da vueltas mientras intento recordar la última vez que me sentí tan miserable. ¿Fue cuando