DAMIÁN
El zumbido constante de los monitores me acompaña cuando abro los ojos.
La luz blanca y cálida del hospital me obliga a parpadear varias veces antes de acostumbrarme. Mi cuerpo se siente pesado, adormecido, pero lo primero que viene a mi mente no es el dolor. Es ella.
Emma.
Mi respiración se acelera mientras el recuerdo se clava en mi mente.
La vi. No fue un sueño, no fue un delirio provocado por el sedante. Estaba ahí. Sus ojos, su voz... Me llamó. No fue mi imaginación.
Y ella m