Mientras las palabras de Adrien se deslizan de sus labios, mis ojos se sumergen en la maravilla de su belleza y la profundidad de su mirada. Por un breve instante, aparto mi mirada hacia la multitud que nos contempla con expectación en sus rostros, y me siento la mujer más afortunada del universo.
— En cada risa compartida, en cada abrazo reconfortante y en cada mirada llena de complicidad, he encontrado la certeza de que quiero pasar el resto de mis días a tu lado.
En ese instante rememoré nu