Adrien y yo nos encontramos tumbados en la cama, disfrutando de la tranquilidad de un domingo por la mañana. El sol se filtra suavemente a través de las cortinas. Sabiendo que él no tiene que ir a la oficina hoy, me siento tentada a convencerlo de que nos quedemos un poco más de tiempo en la cama. Después de un breve debate, logro persuadirlo de que me acurruque entre las sábanas.
Estamos con las piernas entrelazadas y mirándonos de frente.
— Me encanta estar así abrazados. — dice él mientras