Suspiro largamente, mientras el fuerte olor a alcohol y asepsia inunda mis sentidos. Frunzo el ceño y noto un ligero dolor en la frente. Trato de mover la mano y siento algo enredado en mis dedos. Busco en mi memoria qué podría haber cerca de mi cama que se esté enredando en mi mano.
"¿Será que dormí con las esclavas puestas?", pienso.
Con cautela, tanteo la cama buscando a Adrien, pero mi mano solo encuentra el vacío. Decido dejar la pereza a un lado y hago un esfuerzo por abrir los ojos.
«Seg