— No dejes que la preocupación te atormente, ella no volverá a molestarte. — dice Adrien mientras toma mi mano.
— No es por mí que me inquieto, Adrien — le confieso — es por ti.
Recibo un fugaz beso de sus labios mientras su mirada se clava intensamente en la mía.
— No, amor — niega, sacudiendo la cabeza — ella no es más que una piedra en el zapato.
— Sigue colgada de ti — afirmo.
— Ericka no sabe lo que es el amor, Isa — responde, bajando la voz — Solo le duele que tú y yo hayamos vuelto a enc