La mañana en Londres despertó con una neblina tan espesa que los rascacielos de la City parecían colosos amputados flotando en un mar de gris industrial. Dentro de la suite presidencial de The Connaught, el ambiente era radicalmente distinto. El aire estaba saturado con el aroma del café recién molido, cruasanes calientes y el rastro almizclado de una noche de excesos que todavía palpitaba en las sienes de Aura. Ella estaba de pie frente al espejo del vestidor, observando cómo Julian, ya impeca