El rugido de los motores del Gulfstream G700 de Julian Vane era apenas un susurro sedoso dentro de la cabina principal, un espacio revestido en cuero color crema y maderas exóticas que costaban más de lo que la mayoría de los mortales ganarían en varias vidas. Aura observaba a través de la ventanilla cómo las luces de Nueva York se convertían en un recuerdo lejano bajo el manto de la noche atlántica. Londres los esperaba, y con ella, la primera gran prueba internacional de su nuevo régimen. Sin