Un breve momento de pasión.
El rostro de Isabella lucia cansado, las ojeras eran tan visibles que cualquiera que la mirara se podría dar cuenta que no había dormido. Mientras calentaba leche para Emiliano soltaba unos que otros bostezos, necesitando cubrirse la boca con el dorso de la mano derecha, en cambio, el infante fue a buscar a su padre para que este le hiciera su segundo desayuno, según sus pensamientos inocentes, porque no estaba conforme con calmar su hambre con un vaso de leche y veía que su madre no estaba de