Sin sentido.

Impresionada estaba Isabella y no podía cerrar la boca cuando veía que el conductor de Maximiliano no paraba de entrar cosas a la sala, porque le estaba ocupando más de la mitad del espacio, pero no era únicamente eso lo que la tenía impactada sino por la forma arbitraria en la que Maximiliano se estaba mudando en su departamento; sin pedir permiso, pero sobre todo como si él mismo le perteneciera, y las ganas de agarrar todo y lanzarlo fuera le hacían picar las palmas de sus manos. La creerían
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