— Creo que será mejor trabajar — aconsejó Eva, y tanto Pen como Gael, salieron de la oficina.
La atmósfera en el despacho de Eva se volvió tensa y cargada de emociones no expresadas. Una vez que quedaron solos, Gabriel y Eva se miraron mutuamente, sintiendo que el silencio entre ellos era denso, casi palpable. Había algo en el aire, una corriente eléctrica que no podían ignorar.
— Gabriel — comenzó Eva, rompiendo el silencio —. Creo que… que se gustan.
Las palabras salieron de su boca como un s