La atmósfera en la mansión Montenegro era eléctrica, cargada de tensión y resentimiento. Gabriel, junto a Gael y Penélope, se adentró en el vestíbulo, donde la opulencia de la casa era un recordatorio cruel de la familia que habían dejado atrás. La luz tenue iluminaba los rostros de los hombres de su madre, que esperaban con miradas desafiantes.
Lograron salir de ese laberinto secreto, pero el peligro no acababa y aunque el peligro estaba allí, ni Gael ni Gabriel abandonarían su hogar. Al meno