45. Ya le di la poción
La madera del suelo crujía bajo los tacones de Evelyn mientras avanzaba por el pasillo angosto, como si cada paso fuera un latido más de su cólera contenida. El velo de elegancia que usualmente cubría su rostro estaba desgarrado por una rabia fría y una ansiedad creciente. Había visto demasiado. Había sentido esa punzada en el pecho que no podía admitir. Y no iba a permitir que nada, ni ese niño, ni los sentimientos de Damián, interfirieran en lo que le pertenecía por derecho.
Abrió la puerta d