El aire del consultorio estaba cargado, casi sofocante, cuando Alaia finalmente rompió el silencio.
—No me gusta que invadas mi espacio de esta manera, Liam —dijo, cruzando los brazos sobre su pecho, como si eso pudiera protegerla del embate de emociones que sabía que se avecinaba—. Ya te he dejado claro que no estoy interesada en ti, y ahora, por tu culpa, Nolan piensa que tenemos algo. Eso no es verdad, ni nunca lo será.
Liam la miraba con una expresión que Alaia reconocía bien: era esa mezc