El día era gris y el sonido de la lluvia golpeando las ventanas del pequeño departamento de Alaia solo acentuaba la sensación de vacío que la envolvía. El silencio era pesado, roto solo por el ocasional zumbido del viento que se colaba entre las rendijas de las ventanas.
Estaba sola, completamente sola, y el peso de sus decisiones comenzaba a caer sobre ella como una loza imposible de levantar.
Se había repetido innumerables veces que lo que había hecho era por el bien de Nolan. ¿No era lógic