Al día siguiente, en el consultorio de Nolan, Alaia llegó para una visita inesperada. Estaba preocupada por él desde la noche anterior y quería asegurarse de que todo estuviera bien.
Al entrar, lo encontró inclinado sobre su escritorio, con el rostro pálido y ojeroso, claramente afectado.
―Nolan… ―su voz se quebró un poco al verlo tan débil.
Él levantó la mirada, forzando una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
―Estoy bien, Alaia. Solo es… cansancio.
―No, no lo estás ―replicó ella, acercándose