Capítulo 28.
Yo no creía en las casualidades.
Las cosas siempre pasaban por una razón. Quizá Nuestra Gran Madre me había guiado hasta este momento exacto para que salvara a los cachorros o le diera a Gail minutos preciosos para llegar con refuerzos y salvar a las lobas.
¿Cómo si no se explicaba que justo el día anterior me había enterado de la cosa del humo? ¿Cómo sino un día antes me había enterado de la existencia de este lugar en el territorio del Alfa Supremo?
No lo sabía a ciencia cierta, pero me gusta