Capítulo 24.
Yo no moriría aquí y esa era una certeza de la que estaba segura sin saber por qué.
Volví a tranquilizarme a pesar de que por mi cuerpo corría fuertemente la más pura adrenalina.
Abrí mis ojos y observé al lobo que tenía encima. Me mostraba los colmillos y se preparaba para clavar sus garras en mi vientre.
Algo captó mi atención por el rabillo de mi ojo. El cuarto lobo había tomado el cuerpo de la pequeña Alina.
-¿Qué premio tenemos aquí?
Mi sangre hirvió.
No supe cómo, pero de algu