Escribo un artículo sobre la esposa de Amadeo y su vida junto al gobernador, el cual le encanta. Uso ironía en algunas partes, pero ni ella ni sus pomposas amigas se dan cuenta. Una tarde, me invita a tomar el té en su casa. Su esposo llega y, al verme, Amadeo cambia la expresión.
—Querido, te dije que la iba a convencer —le asegura Mabel, orgullosa de tenerme allí para él—. Ya revisé el contrato y se lo envié a tus asesores. Ellos dijeron que estaba bien. Si lo deseas, lo tengo en tu oficina, l