Toco el timbre del departamento de Amadeo y espero. Llevo una valija con ropa para varios cambios. Esto me pone nerviosa. No es algo que tengo ganas de repetir con Amadeo.
—Hola —me dice él al verme. Yo paso y apoyo mi valija en el suelo.
—¿Estás seguro de que tus vecinos no nos verán? —le pregunto algo incómoda.
—No lo sé. Pero en la mañana no suele haber nadie en el edificio —me dice como si le molestara mi pregunta—. ¿Cómo se supone que haremos esto? ¿Y ahora qué? —me pregunta Amadeo y no sé