—¿Dónde está mi hijo? —dice Alfonzo cuando me ve en la puerta de la habitación de Bernardo.
—Los médicos entraron porque empezó a convulsionar —digo como si me sintiera afligida.
Él abre la puerta y al ver cómo tratan de reanimar a su hijo se queda paralizado. No pienso que un monstruo como ese pueda tener sentimientos. Aunque al parecer no es invencible. El poder observar el dolor en su rostro es impagable, como sus ojos pierden la esperanza. Así como lo he hecho yo en varias oportunidades. Co