Capítulo 55. No te enamores de Nicol
Camillo salió corriendo a buscar a Piero. Su trabajador lo había atropellado. El sonido de los frenos fue como si una bomba hubiera explotado. El corazón de Camillo se paralizó y sintió que dejaba de respirar.
—¡Piero! Hijo—gritó.
Camillo llegó a un lado donde estaba Piero, sin dejar de llorar. Sus lágrimas caían como una tormenta. Se derrumbó de rodillas y lo tomó entre sus brazos.
—¿Piero? ¿Estás bien? —preguntó con la voz temblorosa.
—Lo siento… te hice perder… mucho dinero —dijo el niño con