Capítulo 32. Nunca voy a amar.
En ese momento, Piero caminó hacia ella, se quedó esperando que le hablara del contenido de la nota, mas cuando vio que su intención era omitirle la información, le preguntó de manera directa.
—¿Quién te envió la carta que tienes en tus manos?
Ante su pregunta, ella se encogió de hombros con aparente indiferencia, aunque al mismo tiempo, la ocultó tras su espalda.
—Realmente, no tengo idea de a quién pertenece, no te preocupes, no tiene importancia.
El pequeño se quedó viéndola fijamente y el