Capítulo 30. El verdadero verdugo
Nicol se quedó viendo a Enzo, la miraba sin miedo sin dejar de repetir sus palabras.
—Anda ¡Anímate! ¿No quieres deshacerte de mí? Esta es tu oportunidad —le dijo mientras le tomaba la mano y la mantenía en su cabeza.
—Sí, pero… —no la dejó terminar.
—No hay peros, dispárame y quedarás libre.
Los dos se quedaron viéndose a los ojos fijamente.
—No, te mereces una muerte más trágica, una donde sufras lentamente Enzo, tal y como lo has hecho conmigo.
Nicol liberó su mano, Enzo guardó el arma y la